Llevamos una vida muy ajetreada, con mucho estrés, lo cual hace que nuestro cuerpo y mente se vean afectados. Aquí es donde la práctica de deporte juega un papel importante.

ÍNDICE DE CONTENIDO

1.- Aquí no hay nada nuevo

Hace unos dos mil años un poeta latino nos decía: “… debes rogar que te concedan una mente sana en un cuerpo sano.”[i] En la actualidad cientos de estudios avalan la correlación entre salud física y salud mental.

Los beneficios de la práctica de alguna actividad deportiva son publicitados por los medios de comunicación en un lenguaje asequible para todo el mundo y, sin embargo, los problemas derivados del sedentarismo y del estrés siguen condenando a amplios sectores de población a los daños producidos por dolencias y trastornos que se hubieran podido evitar de haberse atendido la advertencia que el poeta latino nos hizo hace ahora dos mil años.

2.- Física, química y personalidad

La medicina moderna no ha encontrado una definición unánimemente aceptada de lo que significa “salud” y existe cierta ambigüedad en torno a esto.

La Carta de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de 1948 declara: “La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”[ii]. En esta definición lo físico, lo psíquico y lo social aparecen asociados al concepto de salud.

La actividad deportiva o el ejercicio físico no solo están relacionados con la salud del organismo, también con el equilibrio psíquico y la personalidad del individuo. El estado de ánimo y las emociones de una persona tienen mucho que ver con el nivel de producción hormonal.

La fisiología y la psicología van juntas y revueltas. Un ejercicio físico adecuado equilibra el nivel de azúcar en sangre y contribuye a regular el nivel de estrés, a apaciguar las pulsiones de agresividad acumulada.

Durante la práctica deportiva el organismo produce unas sustancias llamadas endorfinas. Las endorfinas forman parte de los neurotransmisores, que son sustancias que conectan las neuronas durante la transmisión del impulso nervioso. Se han identificado más de un centenar de tipos de neurotransmisores.

Todos ellos tienen un papel destacado en la actividad física y emocional, se estimula su proliferación con el ejercicio físico y al mismo tiempo desempeñan un papel esencial en el rendimiento deportivo.

Pero volvamos a las endorfinas. Las endorfinas son antidepresivos naturales porque son producidos naturalmente en las neuronas cerebrales. Su estructura guarda cierto parecido a la de las sustancias opiáceas, que producen estados de felicidad y de euforia por lo que son llamadas “hormonas de la felicidad”.

La actividad física aporta un suministro de oxígeno a todos los órganos del cuerpo, lo que también incluye el cerebro. Esto mejora los síntomas de muchas dolencias, ansiedad, depresión, insomnio entre otras.

La práctica regular de un ejercicio físico o de una actividad deportiva se encuentra especialmente asociada a la reducción del estrés y es recomendada para ampliar el ámbito de relación de las personas que encuentran en esa práctica nuevas actividades de interés personal, objetivos y conocimientos que alejan de situaciones deprimentes, pensamientos negativos y templan pulsiones destructivas como la agresividad o la ira.

3.- Deporte y estrés

Tal como queda reflejado en el punto anterior, todos los aspectos que tienen que ver con la salud se encuentran íntimamente relacionados.

Una dolencia focalizada en un órgano afecta de un modo o de otro a todo el organismo. Un estado de salud perturbado también afecta al estado anímico, a la percepción y expresión de las emociones y, por tanto, a la relación con nuestro entorno social y afectan al individuo y al desarrollo de su personalidad.

La práctica de una disciplina deportiva o de una actividad física regular a cualquier edad surge grandes efectos en todas las áreas que tienen que ver con la salud de las personas.

El nivel de estrés es un dato objetivo que mide la presencia de cortisol en la sangre, en la orina o en la saliva. A mayor presencia de esta hormona, mayor nivel de estrés y, en consecuencia, mayor exposición a riesgos para la salud.

En 1950, el Dr. Hans Selye[iii] publicó su investigación más célebre, “El estrés”. El Dr. Selye observó cómo pacientes que presentaban diferentes diagnósticos padecían síntomas similares que cabía interpretar como la respuesta del propio organismo al estrés producido por la enfermedad.

El Dr. Selye describió un conjunto de síntomas y lo llamó Síndrome de estrés, o también, Síndrome de Adaptación General (SAG). Desde entonces, el concepto acuñado por el Dr. Hans Selye no ha dejado de propagarse y de evolucionar.

La primitiva asociación entre estrés y angustia establecida por el propio inventor del término, hacía presagiar su evolución hacia lo mental, lo psicológico, lo emocional. Las publicaciones en la prensa científica que relacionan el estrés y las emociones no han dejado de aumentar en las últimas décadas y de ejercer una notable influencia en la profesión médica.

Las sospechas de la implicación del estrés en una larga lista de enfermedades van en aumento, y la lista no cesa de crecer. En la misma línea, tampoco cesan de crecer los estudios científicos que asocian la práctica de la actividad física o deportiva con la reducción de los niveles de estrés.

Si anteriormente ya he hablado del efecto de las endorfinas liberadas con la práctica del ejercicio físico, ahora podemos valorar con mayor precisión su importancia para reducir la angustia, la ansiedad y la depresión en las personas y, en coherencia con esto, su efecto benefactor sobre el conjunto del sistema inmunológico.

La mejora del funcionamiento metabólico contribuye a una correcta eliminación de toxinas y a evitar el sobrepeso. Mejora el sistema circulatorio sanguíneo y el linfático, con lo que equilibra la tensión arterial y reduce el riesgo de exposición a la diabetes. Los estudios también han demostrado los efectos preventivos sobre muchos tipos de cáncer.


[i] El verso original dice:” orandum est ut sit mens sana in corpore sano” Juvenal. (siglo I d.C.) Sátiras. Sátira 10, verso 356.

[ii] Organización Mundial de la Salud (OMS, 1948). Preámbulo de su Carta Constitucional.

[iii] Dr. Hans Selye (1907 -1982). Fisiólogo y médico austrohúngaro. Fue director del Instituto de Medicina y Cirugía Experimental de la Universidad de Montreal.

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